Frases de la serie Gambito de Dama

Creación: Allan Scott, Scott Frank.
Actores: Anya Taylor-Joy, Bill Camp, Chloe Pirrie.
Género: Deportes, Drama.
Estreno: 2020.
Otros títulos: The Queen's Gambit.

Episodio 1: Aperturas

Sé que, en este momento, te sientes desamparada. Pero después de que el dolor te deprima, la oración y la fe te elevarán. Tan alto como para ver un nuevo camino. Elizabeth, creo que tu vida aquí será muy diferente. Como la que podrías haber tenido. Y estoy segura de que tú y yo seremos buenas amigas.

- Las verdes son las mejores.
- ¿Qué son?
- Vitaminas. Vitaminas mágicas. Si fuera tú, guardaría las verdes para la noche. Si no, no duran hasta que las necesitas. ¿Sí me entiendes?

- ¿Tu mamá y tu papá murieron? ¿Qué es lo último que te dijeron antes de morir? Se lo pregunto a todas. Hay respuestas divertidas.

- Cierra los ojos.

- No lo recuerdo.

- ¿Cómo se llama ese juego?
- Deberías estar arriba con las demás.
- No quiero estar con las demás. Quiero saber a qué está jugando.
- Se llama ajedrez.
- ¿Quiere enseñarme?
- No juego con desconocidos.

- No soy una desconocida. Vivo aquí. Ya aprendí algo. Mirando.
- Las niñas no juegan ajedrez.

- Debes aprender la defensa siciliana.
- ¿Qué es eso?
- Cuando las blancas pasan a cuatro rey, las negras hacen esto.
- ¿Y después?
- Caballo a 3AR.
- ¿Qué es 3AR?
- Tres alfil rey, adonde moví el caballo.
- ¿Las casillas tienen nombre?
- Si juegas bien, tienen nombre.
- Enséñeme.
- Ahora no. Juguemos de nuevo.
- Está enojado.
- No estoy enojado. Solo juega. Hay otras estrategias que debes aprender más adelante. La variante Levenfish. La variante Najdorf.
- Muéstrame.
- Levenfish. Najdorf. Juguemos otra vez.

- ¿Ya soy realmente buena?
- ¿Qué edad tienes?
- Nueve.
- Nueve años. En noviembre cumpliré diez.
- A decir verdad, hija… eres asombrosa.

- ¿Y las verdes?
- No habrá más verdes.
- Ahí están, justo atrás.
- Ya sé dónde están, pero no te las voy a dar. Nueva ley estatal. Basta de tranquilizantes para niños.

Episodio 2: Intercambios

- ¿Qué harás esta noche?
- Me quedaré despierta todo lo que pueda leyendo mi libro, aprendiendo la defensa siciliana. Hay 57 páginas sobre eso en el libro, con 170 líneas que van de P a 4AD. Las voy a memorizar para hacer las jugadas en la mente.
- Pobre mente.

- No necesitas ningún libro. Solo di "sí, señor" y "sí, señora", y te irá bien. Diles que estás agradecida de estar en un hogar cristiano. Tal vez te pongan una tele en tu cuarto.
- ¿Jolene? Lo siento.
- ¿Qué cosa?
- Que no te adoptaran.
- Mierda. Me las arreglaré bien aquí mismo. Pórtate bien, Elizabeth.

- ¿Todo esto es para mí?
- Por supuesto.
- ¿Todo el cuarto?
- Todo el cuarto.

- No me mires así. Me pones nerviosa.
- Toca muy bien.
- Era el piano de la abuela June. Toco desde que era más joven que tú. Siempre me imaginé tocando en una orquesta.
- Quizás aún pueda.
- Quiso la suerte que le tenga terror a los escenarios, lo cual no augura un buen futuro para un artista.
- Después quedé embarazada.
- ¿Tienen un hijo?
- Tuvimos.

- Tienen juegos de ajedrez.
- Podemos verlos cuando bajemos. Busquemos una blusa. Estás preciosa. Los zapatos son un poco grandes. Ya vas a crecer, cariño. Busquemos abrigos. Precioso. Ven a la luz, quiero ver la tela. Sí, está perfecto.
- ¿Vemos los juegos de ajedrez?
- Otro día, cariño.

- ¿Tienen libros de ajedrez?
- ¿Ajedrez? No estoy segura. Si hay, están en el último pasillo.
- Gracias.
- Tal vez haya una biografía sobre José Capablanca.
- ¿Quién?
- José Capablanca. Fue un gran maestro. Hace mucho tiempo.
- ¿Qué es un gran maestro?
- Un genio del juego.

- Yo podría trabajar.
- ¿Trabajar?
- Podría trabajar en una tienda o lavar platos.
- ¿Lavar platos?
- Me gustaría ganar dinero.
- Para comprar ropa, me imagino.
- Para torneos de ajedrez. Hay uno aquí. Pero participar cuesta cinco dólares.
- Las chicas de tu edad que trabajan son de color.

"Querido señor Shaibel: Hay un torneo de ajedrez aquí que ofrece un primer premio de 100 dólares y un segundo premio de 50 dólares. También hay otros premios. La inscripción cuesta cinco dólares y no los tengo. Si me envía el dinero, le devolveré diez dólares si gano algún premio."

- Hay un sistema para compartir. Si tu oponente no tiene, te prestaremos uno. La partida comienza en 20 minutos. ¿Cuál es tu puntaje?
- No tengo puntaje.
- ¿Has jugado en un torneo?
- No.
- ¿Estás segura de esto?
- Estoy segura.
- No tenemos sección de mujeres. Te pondré en principiante.
- No lo soy.
- No importa. Si no tienes puntaje, eres principiante, como los de menos de 1600.

¿Por qué separan a las chicas? No deberían hacerlo…

- Por Dios, Harmon, estás humillando mi torre.
- La torre no sufrirá mucho más.
- Maldita sea. ¿Qué edad tienes? No importa. No contestes. Me voy a deprimir.
- Tengo 36.
- Gracias. Eres especial, ¿lo sabes?

- Cariño… Sé buena y tráeme las píldoras verdes de mi mesita de noche. Necesito renovar mi tranquilidad. Gracias.
- ¿Pasa algo malo?
- ¿Malo? No soy Aristóteles, pero sí, podríamos interpretar que pasa algo malo. Recibí un mensaje del señor Wheatley.
- ¿Qué dijo?
- Parece que el señor Wheatley… está demorado por tiempo indefinido en el sudoeste. En algún lugar entre Denver y Butte. Aunque Aristóteles era filósofo, y yo, solo un ama de casa. O era un ama de casa.
- ¿Pueden enviarme de regreso si ya no tiene marido?
- Tú lo has dicho. No si mentimos.
- Eso es fácil.
- Eres un pan de Dios, Beth.

Aunque de esposa no me queda nada, excepto una ficción legal… creo que puedo aprender a ser madre. Te voy a enseñar… si prometes jamás acercarte a Denver.

- No sabía que se podía ganar dinero jugando ajedrez.
- Hay premios mucho mayores.
- ¿De cuánto?
- Miles de dólares.
- Santo cielo.
- ¿Podemos ir al banco después de la escuela?
- Por supuesto.

- Beth, ¿podrías bajar?
- ¿Qué pasa?
- Estaba hojeando esta revista de ajedrez. Es muy interesante.
- Dice que hay un torneo en Cincinnati, y el primer premio son 500 dólares. El viaje en autobús solo dura dos horas. Me tomé la libertad de llamar.
- ¿Y la escuela?
- Podría avisar que tienes "mono".
- ¿Mono?
- Mononucleosis.
- Es normal en adolescentes según la Ladies Home Journal.

- Los boletos de autobús cuestan 11.80 cada uno, más la comida. Calculé todo. Aun si ganaras el segundo o tercer premio, tendríamos una ganancia.
- Voy a ganar.
- Tengo plena confianza.

Episodio 3: Peones doblados

- ¿Qué haces?
- Repaso mis partidas.
- ¿Para qué?
- Busco debilidades en mi juego.
- Ya veo. ¿Entonces?
- No tengo.
- Esa es mi niña.

- Quiero ir al Abierto de Estados Unidos.
- Podrías ganar.
- ¿Eso la llevaría a jugar afuera? ¿En Europa?
- No veo por qué no. Deben conocerla para invitarla.
- Si gano el abierto, ¿sabrían de mí?
- ¡Claro que sí! Benny Watts se la pasa jugando en Europa.
- ¿El premio es bueno?
- Muy bueno.
- ¿Cuánto?
- Más que en Estados Unidos.
- ¿Qué hay de Rusia?
- Los soviéticos son letales. Desayunan estadounidenses. Hace 20 años que no hay estadounidenses que puedan ganarles. Es como el ballet. Les pagan por jugar ajedrez.

- Beth… estaba pensando… tal vez podrías darme el diez por ciento, como si fuera tu representante.
- Que sea el 15 %.
- En Methuen decían que eras una genia en matemática.

- Diles a los lectores de Life qué se siente. Digo, ser una chica entre todos esos hombres.
- No me molesta.
- ¿No es intimidante? Cuando era niña, no me permitían ser competitiva. Jugaba con muñecas.
- El ajedrez es más que competir.
- Pero juegas para ganar.
- Sí, pero el ajedrez también puede ser…
- ¿Qué?
- Hermoso.

- Me preguntaba cómo aprendiste a jugar.
- Con el señor Shaibel. Era el conserje en Methuen.
- ¿Un conserje te enseñó?
- ¿En serio?
- A los ocho años.
- Me imagino que eso te distraía de la vida en un lugar tan deprimente. Debes haber estado muy sola.
- Estoy bien sola.
- ¿Crees que veías al rey como un padre y a la dama como madre? ¿Uno atacaba, la otra protegía?
- Solo son piezas. Pero lo primero que vi fue el tablero.
- ¿El tablero?
- Sí. Es todo un mundo en solo 64 casillas. Me siento segura ahí adentro. Puedo controlarlo, puedo dominarlo. Y es predecible. Si me lastimo, solo yo tengo la culpa.

- Dime, Elizabeth. ¿Has oído hablar de la apofenia?
- No, ¿qué es eso? Hay quienes descubren patrones o sentido donde otros no. A veces, la gente con esta afección puede sentir una revelación o éxtasis. A veces, encuentran patrones o un significado donde no hay nada.
- ¿Qué tiene que ver conmigo?
- La creatividad y la psicosis van de la mano. O, para el caso, la genialidad y la locura.
- ¿Cree que estoy loca?

"Para algunos, el ajedrez es un pasatiempo. Para otros, es una obsesión, incluso una adicción. De vez en cuando, llega alguien para quien es un derecho natural. A veces llega un niñito que nos deslumbra con su precocidad en el que debe ser el juego más difícil del mundo. Pero ¿y si fuera una niña? ¿Una jovencita seria, de ojos castaños, pelirroja y un vestido azul?". "Al mundo de los torneos nacionales, dominado por hombres, llega una adolescente de mirada alegre e intensa, de la secundaria Fairfield de Lexington, Kentucky. Es callada, educada y tiene sed de sangre. Beth Harmon…".
- Está bien. Ya oí suficiente.
- No sé por qué mi cuerpo está decidido a sabotear mi cerebro cuando mi cerebro es capaz de sabotearse a sí mismo.
- Solo hablan de que soy una chica.
- Pues lo eres.
- No debería ser tan importante.

- ¿Nunca pensaste que es la bebida lo que te enferma?
- Por favor. Coqueteé con el alcohol casi toda la vida. Ya era hora de consumar la relación.

- Has ido a tantos lugares. ¿Cuál fue tu favorito?
- Me gustó Houston. Pero ahora que llegué a 1800 puntos, espero ir a Las Vegas, al Abierto de Estados Unidos en un mes.
- ¿Y los chicos?
- ¿Son atractivos?
- ¿Sales con alguien?
- No tengo mucho tiempo para eso.
- Pero si tuvieras tiempo… ¿Hay alguien con quien te gustaría hacer enroque o algo así?

- Parece que estás ganando mucho.
- Sí, eso creo.
- Podrías convertirte en una jugadora internacional y profesional.
- Estudio ruso por las noches.
- Qué inteligente.
- No quiero estancarme.
- No, estancarse es lo peor. Y ya eres demasiado grande para ser un prodigio. Debería escribir sobre ti en la revista.
- Estuve en la portada el mes pasado.

- En fin, no le tengo miedo.
- No creo que le tengas miedo a nadie.
- Hay un jugador que me asusta.
- ¿Quién?
- El ruso. Borgov.

- ¡Harmon! Lo siento.
- ¿Qué cosa?
- Sé cuánto querías ganarle a Benny. Tendrás otra oportunidad.

Episodio 4: Medio juego

- Eres la ajedrecista.
- Así es.
- ¿Campeona de ajedrez femenino?
- Cocampeona del Abierto de Estados Unidos.
- Debe ser una locura.
- Supongo. ¿Tú juegas?
- No, demasiado intelectual. Aunque jugaba mucho al Monopoly.
- Nunca lo jugué.
- No lo juegues. Te hace esclavo del capitalismo. Aunque aún sueño con ganar dinero.
- ¿Por qué tomas clases de ruso si eres esclavo del capitalismo?
- Quiero leer a Dostoievski en idioma original.

- ¿Hola?
- Hola. Solo quería avisarte que estoy con unos amigos. De la clase de ruso. Puedes acostarte. Tengo llave.
- ¿Dijiste que estás en una fiesta con universitarios?
- Sí.
- Bueno. Ten cuidado con lo que fumas.

- Voy a ir a Cincinnati… a ver una película. Así que tampoco iré a casa esta noche. Volveré el lunes.
- ¿Estás con un muchacho?
- Estuve con uno anoche.
- ¡Beth!
- Estoy bien. La… La pasé muy bien.
- El ajedrez no es lo único en la vida.
- Es que… No voy a quedar embarazada.
- Qué fácil es decirlo.

- ¿Qué estás leyendo?
- Análisis de la estructura de peones.
- Suena emocionante.
- Lo es.
- ¿Beth? Tengo que confesarte algo. ¿Sabes qué es un amigo por correspondencia? Alguien con quien te escribes cartas.
- Sí, exacto. Bueno… En la secundaria, en Español nos dieron una lista de muchachos de México que estudiaban inglés. Elegí uno y le escribí sobre mí. Nos mantuvimos en contacto durante mucho tiempo, aun… mientras estuve casada con Allston. Intercambiamos fotografías. Se llama Manuel. Nos recogerá en el aeropuerto.
- ¿Ya se han visto?
- Nunca. La verdad, estoy realmente emocionada.
- ¿Por eso querías venir antes a México?
- Supongo que sí.

Primero pensé que era la altitud. 2240 metros. Es suficiente para que cualquiera se sienta atolondrado. Pero ahora creo que es la cultura. No hay indicios de ética protestante en México. Todos son latinos católicos, y todos viven el aquí y el ahora.

- Es un día hermoso.
- Hace dos días que llueve.
- Ah, ¿sí? No me di cuenta. El torneo comienza mañana. Tengo que pensar en los finales.
- Tal vez deberías pensar en ti misma. Hay más que ajedrez en la vida.
- Es lo que sé.
- Por experiencia, lo que sabes no siempre es lo que importa.
- ¿Y qué es lo que importa?
- Vivir y crecer. Vivir la vida.

- Has comido siempre aquí, te la pasas leyendo sobre ajedrez. ¿No deberías descansar el día antes del torneo? ¿Pensar en algo diferente?
- ¡Madre! Mañana juego con negras contra Octavio Marenco. Es decir, él mueve primero.
- Sé lo que significa ser negras.
- Tiene 34 años y es gran maestro internacional. Si pierdo, pagaremos este viaje, esta aventura con nuestro dinero.
- Si gano, jugaré contra alguien mejor por la tarde. Necesito estudiar los finales.
- Eres lo que llaman una jugadora intuitiva, ¿no?
- Sí, me han llamado así. A veces, las jugadas vienen a mí.
- Noté que las jugadas que más aplauden son las que haces rápido. Y tienes una mirada particular. La intuición no está en los libros.

- Necesitas relajarte. No hay ajedrecista más talentoso que tú. No tengo idea de qué facultades se necesitan para jugar bien al ajedrez, pero sé que la relajación solo puede mejorarlas. La gente como tú la pasa mal. Son dos caras de la misma moneda. Está el don y el precio que hay que pagar. Es difícil saber cómo te irá. Tendrás tu momento de gloria, pero ¿cuánto durará?

Tienes mucha ira contenida. Tienes que tener cuidado.

- ¿No vas a salir?
- No. Manuel no vendrá esta noche. Tenía negocios en Oaxaca.
- ¿Cuándo va a regresar?
- Después que nos vayamos.
- Lo siento.
- Nunca he ido a Oaxaca, pero me imagino que se parece a Denver.
- Podemos cenar juntas. Llévame a uno de los lugares que conoces.
- Por supuesto. Fue divertido mientras duró.

- Señorita Harmon.
- ¿Sí?
- ¿Puedo preguntarle algo? Me dijeron que en Estados Unidos ven películas adentro de los autos. ¿Es verdad?
- Autocines. ¿Te refieres a las películas en los autocines?
- Sí, películas de Elvis Presley. Debbie Reynolds y Elizabeth Taylor. ¿Eso pasa?
- Sí.
- Estaría de lujo. Peón a cinco torre. Por usted, Beth Harmon, abandono a la antigua.
- Yo tampoco he ido a un autocine.
- No debí dejarla hacer eso. Con la torre.
- No. Pero ya sabes para la próxima. ¿A qué edad empezaste a jugar?
- A los cuatro. Fui campeón de distrito a los siete. Algún día seré campeón mundial.
- ¿Cuándo?
- En tres años.
- Tendrás 16 en tres años. Y si ganas… ¿qué harás después?
- No entiendo.
- Si eres campeón mundial a los 16, ¿qué harás el resto de tu vida?
- No entiendo.
- Fuiste mi mejor oponente.

- ¿Y tu terror a los escenarios?
- No tengo problemas si es por diversión.

- En Moscú, tendrá desfase horario. Podemos destruirla.
- Está mejorando.
- Hay que ocuparse de ella aquí o en París, antes de que sea demasiado fuerte.
- Dicen que es una ebria. Su juego es casi todo ataque, así que no siempre se protege. Cuando se equivoca, se enoja y puede ser peligrosa.
- Como todas las mujeres.
- Es huérfana. Una sobreviviente. Es como nosotros. Perder no es una opción para ella. Si no, ¿cómo sería su vida?

No me lo esperaba. Nadie hace esa jugada. Me descolocó. Tal como él sabía que pasaría. Desde ese momento, todo el juego ya estaba cantado. No podía evitar pensar que ya había perdido. Como en los libros, donde conoces el resultado, pero igual lo juegas para verlo, y… quiero decir, cada uno de sus movimientos fue tan… obvio, tan… poco imaginativo, tan burocrático. Y todo el tiempo, veía su rostro… y no mostraba duda. Ni debilidad. Me alegra que no lo vieras. ¿Madre?

- ¿No quiere saber cómo murió?
- ¿Qué fue?
- Hepatitis. Creo. Mañana sabremos.
- Sí. Siempre estaba enferma.

Episodio 5: Ataque doble

No hay por qué temerle a la oscuridad. En realidad, diría que no hay por qué temerle a nada. En ninguna parte. La persona más fuerte es la que no tiene miedo de estar sola. Es de las personas de quien debes preocuparte. Las personas te van a decir qué hacer, cómo debes sentirte. Antes de darte cuenta desperdiciaste la vida en busca de algo que otras personas te dijeron que buscaras. Algún día estarás sola así que debes pensar cómo cuidarte.

- Me crees una prima donna, ¿no?
- Es ajedrez. Todos somos prima donnas.

- Eres terca, y eso te da ira. Luego, solo ves lo que tienes enfrente.
- La ira me despeja.
- La ira es una especia fuerte. Una pizca te despierta. Demasiado, te adormece.

- Le ganaré a Borgov con un poco de práctica.
- Le ganarás con mucha más práctica. Con años de práctica. No es un excampeón de Kentucky como yo. Es un campeón mundial. Podría habernos ganado a ambos a los diez años. ¿Siquiera conoces su carrera?
- No.
- Estúdiala.

"Si estás en una pelea, el primer golpe debe ser el último. Y más te vale ser tú quien golpee".
"Pocas cosas son tan brutales mentalmente como el ajedrez".
"A veces los atacantes se arrepienten de sus jugadas, pero es mucho peor arrepentirse para siempre de una oportunidad que desperdiciaste".

"Sé que soy un buen jugador, pero mis oponentes tienen la mitad de mi edad. No sé por cuánto más podré seguir ganando". "Puedo luchar contra cualquiera menos contra el tiempo".

- No todo es ajedrez en la vida. Sí, uno de mis héroes es Philidor, un músico francés que jugaba ajedrez con los ojos vendados en París y Londres. Diderot le escribió una carta.
- ¿Conoces a Diderot?
- ¿De la Revolución francesa?
- Casi. Philidor hacía presentaciones con los ojos vendados hasta que se le fundía el cerebro, o lo que creyeran que pasaba en el siglo XVIII. Diderot le escribió algo así: "Es una insensatez arriesgarse a volverse loco por un tema de vanidad". A veces pienso en eso cuando me quemo las pestañas frente a un tablero. Vi tu foto en la portada de Chess Review y las fotos que tomó Townes en Las Vegas para el periódico de Lexington. Eran hermosas.

- Te enseñé todo lo que sé. Aunque es cierto que no es mucho. Debo empezar a estudiar. Debería ser ingeniero eléctrico, no un vago del ajedrez.
- ¿Adónde irás?
- Me iré al apartamento. Está más cerca de la universidad.
- Te dejo…
- Estás equivocado. Me has enseñado mucho. Me alegra que llamaras.
- A mí me alegra estar aquí contigo. Después de perder a tu mamá.
- Es más que eso. De verdad me ayudaste.
- Tú también me ayudaste. A darme cuenta de algo.
- ¿De qué?
- No amo el ajedrez. No, está bien. No lo amo tanto como antes. Ya no estoy tan obsesionado como para querer ganarlo todo. Como tú.

- Te voy a dejar esto. Tienen mucho en común.
- ¿En serio?
- Morphy era abogado, o algo así, en Nueva Orleans. Analiza sus partidas, cómo jugaba. Sacrificaba caballos y alfiles como si tuviera una docena, y atacaba al rey tan rápido que sus rivales se paralizaban. Qué pena que Morphy y Capablanca no vivieron en la misma época. Se habrían enfrentado. Sí, qué pena que Morphy se volvió paranoico y murió. En París, no dormía en toda la noche, antes de sus juegos iba a beber a los cafés y hablaba con extraños. Y al día siguiente jugaba como un genio. Educado, bien vestido, movía las piezas con esas manos pequeñas y femeninas. Aplastaba un maestro europeo tras otro. ¿Sabes cómo le decían? "El orgullo y la tristeza del ajedrez". Y se retiró a los 22.
- ¿Crees que voy a ser así?
- Creo que ya eres así. Creo que, tal vez… siempre has sido así. Ten cuidado, Beth.

- ¿Juegas juegos en tu mente? Cuando estás solo, ¿los juegas completos?
- ¿No lo hacen todos?

- ¿Quién más jugará en Moscú?
- Cuatro de los mejores de Rusia y cuatro de otros países. Si sigues haciendo esto, estarás agotada a los 21 años.
- Me gusta tu pelo.
- Seguro que sí. ¿Y Moscú? Cuatro ajedrecistas soviéticos son demasiados. Letales. Pero eres la única estadounidense que podría ganarles.
- Me derrumbé con Borgov en México.
- ¿Cuándo vas a París?
- En cinco semanas.
- Necesitas un buen instructor. No Harry Beltik. Alguien mejor. Alguien más maduro.
- ¿En quién estás pensando?
- ¿Puedes venir a Nueva York?
- No lo sé.
- Puedes dormir en mi sala y volar a París desde allá.
- Eres muy amable, pero ya no estoy segura de querer ir a París.
- ¿Qué prefieres hacer? ¿Emborracharte? Ahora que lo mencionas, sí. Suena bien.
- Beth.
- Borgov me dejó en ridículo.
- No estabas lista.
- No sé si soy tan buena.
- Eres la mejor. Me ganaste a mí.
- De acuerdo, está bien. Iré a Nueva York.
- Genial. Salimos de aquí. Yo manejo.
- ¿Cuándo?
- Mañana. Por la tarde. Cuando acabemos todo aquí. Ah, y sobre el sexo… olvídalo.

Episodio 6: Aplazamientos

Los hombres van a pretender enseñarte cosas. Eso no los hace más inteligentes. En general, no lo son, pero los hace sentirse más importantes. Pueden mostrarte cómo se hacen las cosas. Deja que se vayan, y tú haz lo que se te dé la gana. Se necesita ser una mujer fuerte para estar sola en un mundo donde la gente se conforma con cualquier cosa con tal de decir que tiene algo.

- Estamos jugando en serio. Ajedrez profesional, el que juegan los mejores jugadores del mundo: los soviéticos. ¿Y sabes por qué son los mejores del mundo?
- ¿Tienen los mejores trajes?
- Es porque juegan en equipo, sobre todo durante los aplazamientos. Se ayudan entre sí.
- Los estadounidenses jugamos solos. Somos muy individualistas. No nos gusta que nos ayuden.
- Tú me estás ayudando.

- ¿A qué te dedicas?
- Adivina.
- ¿Algo con la moda?
- Bonita forma de decirlo. Soy modelo.
- Debe ser emocionante.
- La moda es emocionante. El modelaje y las modelos son insípidos. Pero paga mi apartamento en Marais. ¿No has ido a París?
- Aún no.
- ¿Vives ahí?
- A veces. A veces en Berlín, a veces aquí. Soy una… ¿Cómo se dice? ¿Vagabunda? No sé.
- El modelaje me parece muy emocionante. Además, me imagino que te dan mucha ropa gratis.
- ¿Te gusta la ropa bonita?
- Sí.
- Nunca podrías ser modelo. Eres bella, pero demasiado inteligente.
- Las modelos son criaturas vacías. La lente de la cámara las llena de color y textura, y hasta de misterio. Pero no hay misterio en un terreno baldío. Está ahí hasta que le pones algo interesante encima. Las modelos son iguales. Son lo que les pones encima. La mayoría son terribles en la cama. Pero cualquiera que no coma es terrible en la cama, ¿no crees?

- Espera.
- ¿Sí?
- ¿Todavía te gusta mi pelo?

- Deberías jugar la siciliana.
- ¿Qué?
- Contra Borgov, deberías jugar la siciliana.
- ¿Por qué? Él es bueno con eso.
- También es con lo que te sientes más cómoda. Siempre juega tu juego, no el de él. Juega lo que sea mejor para ti.
- Gracias. ¿Algo más?
- Una cosa más. Nunca dicen "jaque" en los grandes torneos.

- Monsieur Borgov, ¿cómo es competir con los más jóvenes y por cuánto tiempo cree que seguirá jugando?
- Me siento bien, tan bien como cuando tenía cuatro años y jugué mi primer juego. El ajedrez aún… me entusiasma de la misma manera. No tengo planes de dejarlo y quizás me muera con la cabeza sobre el tablero.

- Señorita Harmon, ¿qué les dice a los de la Federación de Ajedrez que la acusan de ser demasiado glamorosa como para ser una ajedrecista seria?
- Diría que es más fácil jugar ajedrez sin la carga de una nuez de Adán.

- Me gusta. Podría vivir aquí.
- No veo por qué no. Un pied-à-terre en Rue des Capucines o en Boulevard Raspail.
- En unos años, seré campeona mundial. Puedo vivir donde quiera.
- Será mucho antes.
- Si viviera aquí iría a obras de teatro, a conciertos y almorzaría en un café diferente cada día. Y me vestiría como las mujeres de aquí. Con esa elegancia, vestidos hermosos y peinados perfectos.
- Ya tienes mucho más que ellas. Y algo que ninguna de ellas tiene. Talento. Y eso puede darte una vida que cualquiera envidiaría.
- Nada me retiene en Kentucky.
- Las posibilidades son infinitas. Y una de esas posibilidades te está mirando.
- No, te están mirando a ti.
- No lo creo. Eres muy hermosa.
- No me veo así.
- Entonces eres ciega. ¿Te gusta coger?
- ¡Cleo!
- ¿Qué? Más fácil, ¿te gusta coger con Benny?
- A veces.
- Qué romántico. ¿Y has estado enamorada?
- No de Benny.
- Claro que no. Ninguna mujer puede competir con el amor de Benny por sí mismo. Entonces, ¿sigues enamorada? ¿Cómo se llama?
- Townes.
- Por el amor no correspondido. Y los estúpidos de los hombres.

- Se rumorea que estabas ebria.
- No estaba ebria.
- Entonces, con resaca.
- Podría haber estado totalmente sobria. No habría cambiado nada.
- No lo creo.

- Regresaré a Lexington. Necesito estar sola.
- Eso es lo contrario de lo que necesitas. Beth, por favor, ven a Nueva York. Podemos hablar. ¿Beth?
- Gracias, Benny. Por todo.
- No deberías estar sola. Ya sabes lo que pasa.
- Tal vez es lo que quiero.
- ¿Qué? ¿Emborracharte?
- Sí, emborracharme bien. Del todo. Y tal vez drogarme. ¿Por qué no?
- No lo harías aquí conmigo.
- Lo sé.
- ¿Y si digo: "Está bien, emborráchate"? ¿Vendrías?
- Benny, no sé lo que estoy haciendo. Ni lo que voy a hacer.

- Dijo que sería mía. ¿Lo recuerda? ¿Al menos puede mirarme? Me adoptó. ¿No puede hablarme?
- Fue Alma. Alma quería una niña.
- Usted firmó. Asumió una responsabilidad.
- Alma quiso adoptarte, no yo. No tienes derecho a todo lo mío porque firmé algo para callarla. No es que haya servido.
- Usted me adoptó a mí. Yo no se lo pedí. Es mi padre legal.
- ¡El dinero de la casa es mío! No de una huérfana sabelotodo.
- No soy huérfana. Soy su hija.

- ¿Alguna vez la oyó tocar?
- Por supuesto.
- Sí, pero ¿realmente la escuchó? Alma no era patética, estaba prisionera y no sabía cómo escapar. ¿Patético? Pues… patético es lo que veo.

- Estoy preocupado por ti.
- ¿Por qué?
- Te vi una o dos veces en el supermercado.
- ¿Me estás siguiendo?
- Trabajo ahí.
- ¿Qué?
- Soy subgerente. Suelo estar en la oficina.
- No me saludaste.
- No parecías muy bien dispuesta. Necesitas ayuda.
- ¿Qué clase de ayuda sería? ¿Con el ajedrez? Ya probamos…
- No hablo de eso.
- ¿De qué estamos hablando?
- Mi papá bebía. No era malo ni nada de eso. Solo se quedaba callado y se dormía vestido.
- Bien.
- Hueles igual que él. Tus ojos son como los de él.
- Y tu piel…
- ¿Mi piel?
- Como dije… me preocupas.
- Parece que me tienes lástima.
- No dije eso.
- Debías estudiar y trabajas en un supermercado.
- Hago las dos cosas. ¿Sabes qué? Me gusta trabajar ahí. Es un buen empleo y la gente es agradable.
- ¡Elizabeth!
- Buena suerte, Beth.

Episodio 7: Final

En general, cuando nos dicen que algo es para mejor, es para peor. Pero esta vez es cierto.

- Murió el señor Shaibel. El funeral es pasado mañana. Pensé que podíamos ir juntas.
- Gracias.
- Por Dios, Beth.

- Trabajo como asistente legal.
- ¿Fuiste a la universidad?
- A la de Kentucky. Obtuve una beca de educación física. Pero cuando supe que la universidad se llamaba Escuela Normal para Personas de Color, preferí estudiar Historia, lo cual me hizo enojar mucho más que antes. Es difícil de imaginar. Me cambié a Ciencias Políticas. Estoy ahorrando para estudiar leyes. Lo sé. Yo, abogada, pero el mundo está jodido. Y si voy a cambiarlo, no puedo pasar el tiempo enseñándoles bádminton a unas chicas blancas. Voy a ser radical.
- No sabía que era una carrera.
- Lo será.

- Debería viajar a Rusia a fin de año. Tengo miedo.
- Entonces no vayas.
- Tengo que ir. Si no, no tengo nada que hacer, salvo beber.
- Parece que igual lo haces.
- Tengo que dejar el vino, y las pastillas, y limpiar este lugar.
- Ese sería un buen comienzo.

- Pero lo que quiero es un trago. Si no estuvieras aquí, estaría bebiendo vino.
- Suenas como Susan Hayward en una de esas películas.
- Una vez leí sobre un artista pop. Compró un dibujo de Miguel Ángel. Cuando llegó a su casa, tomó una goma y lo borró. Dejó solo una hoja en blanco. Recuerdo que quedé impactada. Me pregunto si no borré mi propio cerebro.
- Hagamos como que no te acabas de comparar con Miguel Ángel. Y veamos dónde estás. Porque después de verte cinco minutos, parece que estás en el fondo de un pozo. Un pozo que cavaste tú misma. Mi consejo, deja de cavar.
- Tal vez lo llevo en la sangre. Mi madre se volvió loca. ¿O siempre estuvo loca? No lo sé.

- Son todos blancos en la firma. Me contrataron para estar al día. En vez de una mujer negra que limpiara, querían una mujer negra limpia, con un bonito trasero y buen vocabulario.
- Y tú eres muy limpia.
- En la entrevista, me aseguré de usar muchas palabras como "reprensible" y "dicotomía". Se entusiasmaron enseguida. Pero me iré apenas obtenga el título de abogada. Quiero lo que tú tienes. Has sido la mejor en lo tuyo por tanto tiempo que no sabes cómo vivimos los demás.

- Lo que nos gustaría, Elizabeth, es una declaración.
- ¿Declaración?
- Cruzada Cristiana quiere que hagas pública tu posición en este mundo donde muchos guardan silencio.
- ¿Qué posición es esa?
- Como sabemos, la propagación del comunismo trae consigo la propagación del ateísmo.
- Supongo que sí.
- No es cuestión de suponer. Es un hecho. Un hecho marxista-leninista. La Palabra Sagrada es un anatema para el Kremlin y los ateos que allí gobiernan.
- No tengo problemas con eso.
- Bien. Lo que queremos es una declaración en ese sentido.
- ¿Para la prensa?
- Exacto. Tenemos algo preparado. Aquí tienes.
- Soy ajedrecista.
- Claro, pero también eres cristiana.
- No estoy tan segura. No pienso decir nada de esto.
- ¿Por qué?
- Porque es pura mierda.

- No debí comprar la casa. Ni todos esos vestidos. Tres mil es mucho. Es caro ir a Moscú.
- Yo te los doy.
- ¿Qué? No, acabas de decir que es mucho dinero.
- Tengo eso y más. He estado ahorrando.
- Lo necesitas para estudiar derecho.
- Sí. Y me lo devolverás cuando ganes.
- ¿Y si no gano?
- Igual vale la pena. O podrías darme el vestido negro. O el morado. Me gustan los dos.
- Eres como mi ángel de la guarda.
- ¡Por el amor de Dios! Beth… púdrete. Shaibel no es el único que te siguió todos estos años. Sé que perdiste contra Benny Watts en Las Vegas y luego le ganaste en Ohio. Leí los periódicos. Incluso en una excursión, en vez de comprarme un helado, compré una maldita revista de ajedrez con tu carota fea en la portada. Por un tiempo, yo fui todo lo que tenías. Y por un tiempo, tú fuiste todo lo que tenía. No éramos huérfanas. No si nos teníamos la una a la otra. ¿Me entiendes? No soy tu ángel de la guarda. No vine a salvarte. Apenas puedo salvarme a mí. Estoy aquí porque me necesitas aquí. Para eso es la familia. Eso somos. Algún día, quizá te necesite a ti.
- Es poco probable.
- Pero nunca se sabe. Pero si te necesito… vendrás, ¿no?
- Puede ser.

Como dijo Thomas Huxley: "El tablero es el mundo, las piezas son los fenómenos del universo, las reglas constituyen lo que conocemos como leyes de la naturaleza, y el jugador en el otro lado se nos oculta".

- Excelente. Una recuperación brillante. Abandono aliviado.
- He jugado sus partidas desde niña. Siempre lo he admirado.
- ¿Qué edad dijiste que tenías?
- Veinti…
- No me digas. Sería como una estaca en el corazón. Revisé tus partidas en este torneo. Eres una maravilla, jovencita. Es probable que seas la mejor ajedrecista con la que jugué en mi vida.

- ¡Señorita Harmon! ¡Una pregunta! Dick Evans, de Time. ¿Tiene un minuto?
- Depende. ¿Me pondrá en la portada?
- ¿Va a ganarle?
- No he cometido errores.
- Él tampoco. ¿Aprendió a jugar en un orfanato a los dos años?
- Tenía nueve.
- ¿Quién le enseñó?
- Se llamaba Shaibel. William Shaibel. Era el conserje. Jugábamos en el sótano.
- ¿El conserje le enseñó ajedrez?
- Así es. William Shaibel era un gran jugador. Se la pasaba jugando y era bastante bueno. ¿Me prometen que publicarán eso?
- Por supuesto. Gracias.

- Yo contesto. Tómate el café. Sí, páselo. ¿Están todos ahí? Le paso la llamada.
- ¿Hola?
- Si va por el caballo, mueve peón torre rey.
- ¿Benny?
- Si va por el alfil, haz lo mismo, pero libera la fila de dama.
- ¿Cómo sabías?
- Está en el Times. Son las 7 a. m., pero llevamos tres horas pensando.
- ¿Quiénes?
- Hola, Beth.
- Hola, Harry.
- Qué gusto escuchar tu voz.
- Espera. ¡Hola, Beth!
- ¡Soy Mike! ¡Estamos orgullosos de ti!
- Oigan, idiotas, esto es carísimo.
- Beth, escúchame, tienes que liberar esa fila.
- ¿Cómo hago eso? Hay cuatro formas, según lo que haga. Hemos pensado posibles soluciones.
- ¿Tienes para anotar?

- ¿Tablas?
Borgov jamás ofrece tablas, pero lo hizo con Elizabeth Harmon. Si ella aceptara, se iría con un empate con el campeón del mundo. Si siguen jugando, cuando lleguen al fin de juego, la situación podría ser muy distinta. Borgov es letal en los finales. Es famoso por eso. Harmon, por otro lado, no. Es conocida por atacar al principio y así desmotivar a sus oponentes. Creo que debería aceptar las tablas. El mundo lo verá como un logro sólido. Aunque no sería una victoria. Lo que sí sabemos de Elizabeth Harmon es que le encanta ganar.

La pregunta es… qué hará ella ahora.
- El juego es tuyo. Tómalo.

- Bien hecho. El presidente la invitó a la Casa Blanca. Habrá un tablero en el Salón Ovaly tomarán una foto de usted dándole una paliza. En Texas son de jugar más a las damas. Y hay una cena esta noche en el Club de Ajedrez Ruso en Georgetown. Asisten muchos disidentes importantes, así que… preparamos una lista de temas. Es algo importante. Vencer a los soviéticos en su propio juego.

- ¿Podría parar el auto? Me gustaría caminar.
- ¿Al aeropuerto? Va a perder el vuelo.
- Juguemos.